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Día 13. El Chott y la autosuficiencia. Decíamos ayer... que estábamos entrampados en el Chott El Gharsa, el punto más bajo de Túnez, con una tormenta de mil demonios, con un barro arcilloso - salado y sin luz ni luna. Es decir; solo ante el peligro. ¿Quién me habrá mandado a mí, meterme en este berenjenal? ¡Hay si hubiese hecho caso a los que me decían que no haga locuras! Pero como de nada vale lamentarse y hay que ser positivos, confiemos que Alá por la mañana sea magnánimo. Confiando en la providencia divina y rezando todo lo que uno sabe llega el clarear del día. Aún el sol no ha despuntado por el horizonte pero el alba alumbra con sus débiles rayos mi campo de batalla. Salgo del coche y ... ¡bueno, más se perdió en Cuba! Mis plegarias habían dado resultado. Todo estaba mojado, pero estaba. El saco de dormir, la tienda, la bolsa de reparaciones eléctricas, los tres arcones de aluminio, la cama plegable, pero lo más importante para mí seguía allí. No podía creerlo. No se lo había llevado el viento. La manguera y el gato hinchable seguían allí. Nada se había llevado la tormenta. Antes de amanecer me tocaba una dura tarea: traer piedras para rellenar las roderas. Eso parece fácil, pero, ¡en un Chott no hay piedras!. Una vez levantado el coche, innumerables viajes hasta la orilla coger 4 piedras y volver, así hasta dejar las roderas como la Vía Apia. Quería trabajar una sola vez mucho y no hacer y hacer intentos. Después del eje trasero, el más fácil, vino cada una de las ruedas delanteras. Todo lo que a la noche no funcionó; bajar presiones planchas, pala, gato hidráulico e hinchable, ahora parecía que se aliaban a mi rescate. Cuando las cuatro ruedas estaban sobre un lecho de piedras y la panza del coche estaba libre, me dispuse a intentarlo. ¡A la primera y suavemente, fuera! Ahora, con el ánimo henchido y jubiloso me tocaba el marujeo de limpiar todo de barro salado y organizar de nuevo el coche. Es decir desde las 5 de la mañana hasta las 11 no acabe con el coche en condiciones en la pista. Ahora a proseguir la Vuelta.
Mi siguiente objetivo estaba en la frontera argelina. Hazoua es un pequeño pueblo que sirve de paso entre los dos países. Antes atravesaré Tozeur que es un gran centro neurálgico de esta zona del país y Nefta, hermosa como su palmeral. El verdor del oasis hace de línea de colisión entre la montaña y el desértico y magnífico Chott El Herid. Cuando llego a la frontera hablo con el policía que me autoriza a fotografiar la plaza que antecede al puesto fronterizo. Más allá, entraría en Argelia. De allí sigo rumbo sur paralelo a la frontera argelina casi un centenar de kilómetros por una pista que en los mapas la sacan más al interior del país. Ya sabéis, para que no se confunda, la línea punteada de la frontera con la línea a puntos de la pista. Es decir que vas peinando los puestos militares y saludando a todos los destacamentos y garitas que puedes encontrar a tu paso. Más tarde, en otro poblado militar cambia el rumbo sur por el este y ya enfilamos hacia El Faouar y Douz, nuestro lugar de pernoctación. Después de la pesadilla de la noche anterior ahora llegaría la gloria de dormir en el hotel El Mouradi, el mejor de Douz y donde recalan los equipos del Rally de Túnez. Un hotel de las 1.000 y una noches con todo tipo de lujos. Y cuando digo todo tipo, es todo tipo, te olvidas que estás en el desierto y de las penurias pasadas y venideras.
Día 14. Douz, Longo y los permisos. Douz es una maravilla de población, muy turística, es la puerta del desierto como lo entendemos en occidente. El desierto de película de Hollywood. No en vano en Túnez se rodaron filmes como “El paciente Inglés”, “La guerra de las Galaxias”, “La perla negra” y otras muchas en las que el evocador desierto era el protagonista. El mercado de Douz en jueves es una delicia porque se aúnan los puestos tradicionales para los turistas con los nuevos para el consumo interno de la población. Un ambiente abigarrado y colorista nos envuelve embriagándonos los sentidos. Nada mejor para salir de esta sinfonía de emociones que volar. Y lo voy a hacer con el señor Longo, un italiano afincado en Douz que es tan buena persona como piloto. Siempre que he estado aquí no he dejado de hacer un vuelo con él. Aunque sea repetir todos los años el mismo, la visión de las dunas desde el aire y incomparable. Comprendo por eso porque los primeros minutos del “El paciente inglés” son planos eternos del avión de Almasy sobrevolando el desierto dando la autentica dimensión de magnitud que tiene. Me dirijo a su Café, una completa instalación de ocio con camping, taller, comedor, teléfono, buggys y un ultraligero que él pilota. Nos saludamos efusivamente y ... ¡a volar!. Es una gran sensación. Desde arriba vemos el desierto, el dromedariodromo, las ruinas romanas, la ciudad perdida, el pequeño y gran oasis, los hoteles y la población de Douz. No me cansaré nunca de volar con él. Al aterrizar compruebo lo que su hija Sara ha crecido. La conocimos cuando era un bebé hace cuatro años y mi ausencia de este país el año pasado a aumentado mi sorpresa por su desarrollo.
Durante la mañana he estado también gestionando los permisos en la policía con el servicial agente de la Oficina de Turismo de Douz. Pero eran para ir hasta Ksar Ghilane, donde no hacen falta permisos, pero siempre es bueno que la policía de destino y de origen sepa de ti en viaje como el mío. Pero... para ir al El Borma y a El Khadra hace falta un permiso especial de circulación por el Sahara y el jefe de policía de Douz me dice que no valen los que tengo. Aquí comienza un pequeño calvario burocrático. Para no perder tiempo le pido al gestor de estos permisos Ali Bechir que me lo envíe a Ksar Guilane mañana para recogerlo de camino y no tener que ir hasta Tatauine con el contratiempo en kilómetros que esto supone. Una vez enviados todos los papeles por fax emprendo el viaje a Ksar Ghilane a la que llego por la “pipe line” que es la pista medular del sur de Túnez. Ya de noche llego al puesto de la “Garde Nationale” donde me comunican que lo del fax es aleatorio y un día hay teléfono y 10 no. ¡Estamos en el desierto!. Me recomienda ir en persona a Tatauine para asegurarme de tener en la mano el permiso. Pernocto en el Camping Ghilane después de pasear por el estanque de agua caliente que surge de la arena del desierto y da origen al oasis. Ksar Ghilane después de pasar 4 o 5 días luchando contra las dunas es lo más parecido al paraíso. Sobre todo si estás en la piscina del Camping Pansea tomando unas cervezas dentro del agua con los Infernales.
Día 15: Hacia Tatauine. Como no hay más remedio que ir a Tatauine nos tomamos con resignación el día. Ya había previsto 2 para eventualidades. Desayuno buffet en el camping y rumbo al Fuerte del Coronel Leclerc. Una divertida y corta travesía por las dunas hasta el que fue un hito militar y bélico de la 2ª Guerra Mundial. Hasta hace pocos años allí había la torreta de un tanque del Afrika Korps. Desde el fuerte en ruina se puede uno imaginar lo que pudo ser resistir hasta la extenuación el empuje de Rommel. El panorama desde allí es magnifico. Arena allá donde mires pero las luces y las sombras hacen que uno y otro lado de la luz del sol parezcan diferentes. Cerca el oasis, lejos nuestro destino. Tomamos aire y emprendemos sin parar viaje en línea recta hasta Tatauine. Cruzamos la pipe line y un Jebel, llegamos a Chenini y cuando nos comunicamos por teléfono con el Gobierno de Tatauine nos dicen que lleguemos antes de la una. Es ramadán y cierran las oficinas. Si hemos hecho todo terreno de orientación, extremo y trial, ahora nos toca rally raid. Los 4.000 centímetros cúbicos con sus 193 caballos se ponen a relinchar para llegar antes de que cierren y puedan darnos el ansiado permiso. Curvas derrapando, saltos en desniveles, esquivando camellos, ovejas y cuervos todo para llegar a tiempo. Cuando entramos en la ciudad reducimos y pregunto por la ubicación del Gobierno. Al otro lado de la ciudad dirección Medenine. Atravesar un pueblo es lento y estresante, pues más cuando tienes prisa. Llego a tiempo. Está abierto, aunque algunos funcionarios ya están saliendo. Pregunto por el responsable del “trafico en el Sahara”, llego hasta él y con una gran y compasiva sonrisa me dice que tendré el permiso mañana por la mañana que hoy no pueden firmarlo por que es tarde ya. Como un jarro de agua fría y con resignación le ofrezco todo tipo de explicaciones, razonamientos, acuerdos, conversaciones, faxes y todo lo que uno puede argumentar. Pues bien mañana por la mañana. Así que como si hubiese llegado con el control horario abierto pero sin comisarios que me lo sellen. Me quedo compuesto y sin el “permiso especial para la circulación por el Sahara”. Busco hotel, Internet, y a escribir estas líneas que mañana sábado será otro día.
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