.: domingo, 07 de septiembre de 2008 :. 
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1ª Vuelta a Tunez 4x4 en solitario PDF Imprimir E-Mail
martes, 16 de noviembre de 2004
Ínicio:
1ª Vuelta a Tunez 4x4 en solitario
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Ignacio Corcuera “Livingstone” ha sido la primera persona en dar la Vuelta en 4x4 a Túnez en solitario.
El itinerario pasaba por los puntos cardinales más extremos de Túnez: al norte el cabo Rass Ben Sekka, al oeste la frontera argelina en Bou Aroua, al sur la meca de los raiders tunecinos Borj El Khadra y al este la frontera de Libia en Rass Ajdir. También ha llegado al punto más alto, el monte Jebel Chambi de 1.544 metros y al más bajo en el lago salado de Chott El Gharsa, que está 17 metros por debajo del nivel del mar.

Después de casi 5.000 kilómetros y 140 horas de conducción en soledad ha recorrido todo el perímetro del país. Ha cruzado sólo las agrestes montañas del norte, que son las estribaciones del Atlas. Atascado ha tenido que salir por sus propios medios de los lagos salados y atravesando de norte a sur el Gran Erg Oriental ha tenido que crestear dunas catedral de 30 metros de altura. Superado el mar de dunas ha llegado hasta Borj El Khadra en la frontera con Argelia y Libia.
Estas son sus crónicas:
 


 Día 8. Salida de Bilbao.
A las 12 del mediodía toca sesión fotográfica frente al museo Guggenheim, realizada por el fotógrafo de El Correo, Calabor. Después de comer y de los últimos preparativos como son: recoger la Carta Verde del seguro, probar el teléfono satélite Thuraya, recoger las prendas de Regatta y añadirles los logos de los patrocinadores, poner el convertidor nuevo y como no hacer la bolsa de equipaje, salí a las 6 de la tarde. Teniendo en cuenta que la noche anterior estuve hasta las 3 de la madrugada haciendo la instalación eléctrica para el ordenador y servicios interiores, cambiando las matrículas viejas por las nuevas, cargando el coche y poniendo las rotulaciones de los patrocinadores parece que no haya comprado el coche el 27 de julio y esté desde entonces  adecuándolo para realizar esta travesía.
 
Una vez que salí, descansé. Atrás quedaba el agobio de esperar la documentación del coche hasta el día de la partida y la tensión de que los patrocinadores cumplan con lo prometido. Necesitaba tres patrocinadores y tengo seis aunque solo se publiciten cinco. Ellos, en líneas generales han cumplido, ahora me toca a mi demostrarles que su inversión la van a rentabilizar y que su confianza en mi no va a ser en vano. Tratándose de una aventura esto es muy difícil, porque son muchos los imponderables que pueden surgir que den al traste con la empresa. Mi éxito no será únicamente que yo pueda cumplir mi desafío a la geografía tunecina. Será sobre todo que ellos quieran volver a apoyarme en el siguiente reto que está ya en mente aún cuando este no ha hecho nada más que empezar.
 
¿Problemas? Claro que surgen los problemas. Nada más cruzar la frontera de Francia y darme cuenta que no suena el pitido de recepción de mensaje en el móvil. Hasta las 3 y media que llego a Marsella estoy peleandome con las telefónicas. Euskaltel me ha suprimido el roaming internacional sin motivo justificado. Y Vodafone no ha instalado el roaming al teléfono satélite que llevo para emergencias y poder comunicar desde “cualquier lugar del mundo”. Cual es el panorama: mi familia no sabe si he llegado o no a Marsella y la mañana del sábado tengo dos entrevistas radiofónicas: una con Iñaki Astigarraga de Radio Popular y otra con  Katia Rocha de Seraventureros. Cómo siguen los problemas; cuando Vodafone me instala el roaming la mañana del sábado ya puedo hablar, pero al medio minuto parece el texto “no sim” y se bloquea. Menos mal que es un teléfono de 1.160€ y el alquiler es de  336€ por 2 semanas. Llamadas aparte claro.
 
El día 8 queda en la historia como la partida hacia África con las desventuras de Europa.
Estamos tan sofisticados, comercializados, borucratizados, tecnificados, interrrelacionados y electronificados que cuando algo falla parece que tiene importancia, y sin embargo, como diría Galileo, la tierra gira.
 
 

Día 9. Embarque en el Ferry.
La mañana del sábado es una mezcla de alegría e impotencia. Alegría porque me encuentro en el Estación Marítima de  Marsella al Infernal Team al completo que unos vuelven a participar en la Tunisian Rose y otros hacen una expedición a Libia con Joan Casa del Club Tot Pols. Momento de gratos y emocionados reencuentros con los compañeros de armas de dos batallas en Túnez y con otros camaradas de otras tantas en Marruecos de diferentes puntos de la península. En las 23 horas que dura la singladura hasta Túnez habrá tiempo para recordar los momentos más sublimes del memorable pasado. 
 
La impotencia viene del lado de la telefonía y los compromisos mediáticos. Por suerte puedo comunicar con el programa de Iñaki Astigarraga  y salgo en antena una hora después de lo acordado, justo cuando estoy embarcando en el Ferry.
 
Un agradable viaje para reponer el sueño de la noche pasada, retocar esos flecos que siempre quedan en algunas gestiones y en dar el último repaso al material fotográfico, videográfico, informático y documental. Todo tiene que estar bien organizado porque ya habrá ocasiones para que todo vaya a su entropía.
 
Buena mar, largos paseos por cubierta, el recuerdo a la partida de la isla del Conde de Montecristo en la rocosa costa de Marsella y la añoranza de ver en el litoral africano las blancas casas de Sidi Bou Said con sus puertas y ventanas azules. Joan, que me ha conseguido los pasajes, como buen amigo, me ha dado un camarote de cuatro personas para mi solo. A buen seguro su viaje a Libia calará hondo en sus expedicionarios.
 
Entre el briefing de  Julio Ibáñez, el africano, organizador de la Tunisian Rose y las bromas de los Infernales va transcurriendo la tarde del sábado que nos llevará tras el sueño a amanecer en Túnez. Como si de un sueño entrásemos en otro.

 
 
Día 10. Comienza el desafío.
A las 9 y media atracamos en el puerto de Túnez. Los nervios por el desembarco y por la incertidumbre de lo que nos espera se advierte en todos nosotros. Ya no retumbaban en mis oídos los comentarios unámines de todos los todoterreneros de que lo que iba a hacer era una locura o que era muy duro. Había llegado la hora de la verdad y en breves minutos estaría yo solo. Unos a Libia y otros al sur de Túnez. Pero esa soledad se aplazaría unos minutos. Nada más llegar a puerto y ponernos en las filas que la aduana y la policía tienen para la inspección, alguien preguntaba en acento italo-frances-arabico por “mesié Inasó Coruera”. Con lo fácil que hubiese sido decir “¿dónde está Livings?. Los Infernal Team enseguida le dirigieron a mi que estaba en la Oficina de Turismo que hay en el puerto. Precisamente era el delegado de Turismo que estaba allí, en domingo, para entregarme las autorizaciones para entrar y fotografiar en los museos y en las ruinas arqueológicas, una carta para que las autoridades faciliten mi trabajo como reportero y los “vales” para los hoteles de Túnez capital, Douz y Matmata mientras dure mi estancia allí. El señor Mohsni, director para España y Portugal de la Oficina de Turismo de Túnez había demostrado una vez más su diligencia.
 
Después de todos los trámites aduaneros, quedaba el más novedoso que era el del GPS. Se hizo largo por que solo un funcionario debía registrar a todos los todoterreneros que allí estábamos que éramos legión. Una hora después ya estaba fuera. Repostando en la primera gasolinera y inicializando el GPS y el portátil. Mi primer objetivo; el punto más septentrional del país el cabo  Rass Ben Sekka. Tome la autopista a Bizerta para recuperar el tiempo perdido, después por carretera y la aproximación por una pista arenosa entre un eucaliptal que tras de si aparecía el bello panorama de una costa rocosa con un faro blanco y azul que tiene la misma apariencia de un minarete desde donde un imaginario muaicin haría  sus plegarias al Mare Nostrum. El primer objetivo se había cumplido. Empezabamos con buen pie. No había sido difícil y la belleza del lugar aún en un día gris, reconfortaba el espíritu curioso del aventurero. De allí al Parque Nacional de Ishkeul. Un curioso parque natural que comprende una curiosa montaña que emerge de una llanura mareal con una curiosa flora y fauna. Mezcla de ecosistemas de montaña y litorales. Cuenta con un museo pero hay que llegar antes de que anochezca que ahora lo hace a las 6 de la tarde hora local. Una hora menos que en la península. De allí aprovecho las horas nocturnas para tragar millas y pernoctar en El Kef. Estamos en la región montañosa del norte de Túnez. El primer día de brega ha culminado con victoria.
 
 
Día 11. A por la Cima de Túnez
Me levanto a las 7 como es la norma en el viaje, para desayunar en el Hotel Les Pines de Le Kef y hacer la revisión diaria del vehículo.  El “Red Scorpio” hasta fecha se está portando. Le cuesta arrancar, Lo hace a la segunda o a la tercera, pero arranca y ya no se para. Esto es lo importante.
La primera escala, no prevista la hago en un pueblo de la montaña donde hay un mercado. Sería imperdonable no entrar en un día de mercado en las entrañas de esos laberintos de callejuelas y puestos donde todo se vende y se compra. Con oportuna previsión de dejar el coche en un lugar seguro, me adentro a curiosear. Cientos de personas entre los pasillos de los vendedores, donde todo está muy concurrido pero nadie se toca con nadie. Es como si el espacio personal vital tuviese cierto electromagnetismo que evitase el contacto físico de los visitantes al mercado. Nosotros, nos apretujamos en el metro, en las colas o en las conglomeraciones, ellos no. Las peculiaridades de las cosas que se venden en el  mercado le hacen lo suficientemente interesante como para justificar la parada. Un occidental solo entre miles de musulmanes y como es lógico aquí; ningún problema, todo lo contrario, amabilidad y sonrisas.
Dejo en mercado y emprendo el camino hacia Kasserine. Este lugar fue una trampa mortal para los americanos en la 2ª Guerra Mundial. Kasserine es muy montañosa y existe un paso, “el paso de Kasserine”, que discurre paralelo al río y por allí transcurre también el ferrocarril. Precisamente uno de los muros del paso es el Jebel Chambi que con sus 1.455 metros es mi verdadero objetivo. Los americanos sucumbieron por exceso de confianza. Habían desembarcado en Marruecos y Argelia y se acercaban por el oeste hacia las tropas del Deutch Afrika Korps del Mariscal de Campo  Edwin Rommel. Éste en retirada, era asediado desde el sur por el inglés 8º Ejercito de Montgomery y las fuerzas aliadas de Australia y Nueva Zelanda. Rommel era tan peligroso avanzando como retirándose, por eso Montgomery no le atacaba. Le mantenía la distancia. Los americanos eufóricos creyeron que en su primera intervención en esta guerra vencerían sin problemas y fueron diezmados como novatos que eran en la Guerra del Desierto.
 
Si, estoy al pie del Chambi y veo unas antenas en su cima por lo que enseguida comprendo que tiene acceso. Me aproximo por la cara norte, la más verde y un poco menos abrupta. Tras varios intentos frustrados de encontrar una invisible pista pregunto a un niño que me indica por donde llegar a esa pista. Comienzo la escalada, más que subida por una pista que tenía tramos de grandísima pendiente de 1ª corta y tracción al límite,
Pero poco a poco fui  llegando hacia la cima. Después  de mucha, mucha adrenalina, casi en la cima, llego a un collado donde aparece la pista casi asfaltada que me llevará arriba. Ya en la cima, el panorama y la euforia por el objetivo alcanzado, me inundan de alegría. Soy el hombre más alto de Túnez. Comienzo el descenso por la pista asfaltada que me lleva por la cara sur al descenso del Chambi. Antes de llegar a la carretera me encuentro una barrera que me cierra el paso. Los guardas me paran asombrados por mi aparición y tras las explicaciones de rigor prosigo el viaje hacia Sbeitla.
 
Sbeitla es una grandísima ciudad romana muy estratégica en la antigüedad. La gran importancia de esta ciudad la muestran que tienen erigidos tres templos a Júpiter, Juno y Minerva que solo tiene otra comparación en el Mundo Romano. Termas, teatro, mosaicos, baptisterios, etc. Una escala necesaria para comprender Túnez.
 
Ya anochecido, sigo carretera hacia Gafsa y duermo en Metlaoui. El inicio de la Garganta del Selja.



 
Día 12. Final del día inesperado
Desde la estación de Metlaoui sale el tren de montaña que recorre las gargantas del Selja. Es un tren turístico del aspecto de los del oeste que me da la oportunidad de disfrutar de un viaje sin estrés y comprobar el enorme atractivo turístico de Túnez.
El tren hace dos  paradas para que los guías den sus explicaciones sobre este maravilloso paraje. Es imprescindible estar una hora antes de la salida para coger sitio. Luego se llena. Cada vagón está decorado diferente y perfectamente restaurado. Es un viaje muy relajante y placentero. De vuelta en la estación enfilo por una pista polvorienta hacia el palmeral de montaña de Chebika. Esa pista me lleva a dos lugares, uno a la propia garganta donde me acerco hasta el río, pero que no vadeo por respeto a las Gargantas ya que mis huellas serían las primeras y no me gustaría que ese impacto estético pese sobre mí. Me retiro y sigo la pista que me llevará a otro lugar sorprendente y muy atractivo para mi. Después de unas decenas de  kilómetros me parece avistar un carro de combate. Eso en un principio, luego efectivamente es un tanque, aproximándome sabré si es contemporáneo o vestigios de la 2ª gran Guerra. No puedo quedarme con la duda y me dirijo campo a través hacia él. No se mueve, buena señal. Ya más cerca veo que ha sido abatido y su funcionamiento es inútil. Al mirar alrededor veo otros restos en el radio de 300 metros. Cuando llego a él mi interés es saber su origen y su antigüedad. Nada en su exterior me lo indica por lo que introduzco dentro. ¿Miedo a una granada trampa, miedo a las minas, miedo a las serpientes o escorpiones que buscan la sombra? No, esto es Túnez, es país de la tranquilidad. Tras escrutar cada rincón del tanque llego a la conclusión que es posterior a la 2ª Guerra Mundial. Es más sin ser del CSI llego a la conclusión que estoy en un campo de tiro del Ministerio de Defensa Tunecino. Prosiguiendo la marcha, ya casi en la pista un soldado con el único atuendo de su gorra en una mobilette me indica que está “interdit” estar allí. Después de unos abrazos y unas sonrisas prosigo el viaje por la pista principal. Un poco más allá por si no me había quedado claro, un helicóptero militar se deja ver en vuelo a media altura. Sin más contratiempos llego a Chebika, un bello palmeral u oasis de montaña donde uno se quedaría más tiempo disfrutando del frescor de sus aguas y sus sombras que harían la evocación de los poetas. Unos kilómetros por asfalto para aproximarnos al Chott El Gharsa. Un Chott es un gran lago seco la mayoría del tiempo, que en su superficie se observa una costra blanca debido a la sal. En este Chott se encuentra el punto más bajo de Túnez que con menos 17 metros o menos 23 metros en otros mapas sin duda es la zona más baja de país. Si tomamos la referencia oficial del Handbook de la CIA nos dice que es de menos 17 metros del nivel del mar. Abandonando la carretera y campo a través me dirijo hacia punto tan enigmático puesto que solo es una referencia en un mapa ya que no existe ningún hito o señal alguna que lo atestigüe. Llego con la función de “Movil map” del Ozi Explorer hasta el número que figura en el mapa y lo rodeo para que no haya dudas. A unos pocos metros algo premonitorio: un esqueleto de camello. El pobre se adentro en el Chott se hundió con el peso  y esperó su muerte. El Chott es una gran trampa. La apariencia homogénea y superficial no indica que tras esa costra marrón o blanca está la arcilla húmeda que te traga sin compasión. Yo ya lo conocía pero aún así me pasó lo que al camello. Después de hacer las fotos y las imágenes de rigor al salir de la zona me aproximo en exceso de confianza y a escasos 5 metros de mis propias roderas anteriores el Chott me engulló. Estuve trabajando desde las 6 que se oculta el sol hasta que se agotaron las baterías del foco y de las linternas. Sin luces y con una noche cerrada no había más remedio, casi extenuado, que meterme al coche a dormir. Mañana será otro día. Si, si, pero entre el amor propio resentido y la añoranza del  Hotel El Mouradi de Douz (un super hotel) me duermo para despertarme a media noche porque en la oscuridad más absoluta el coche era mecido por el viento y la lluvia chocaba contra el coche. ¡Tormenta y yo en un la orilla de un lago! ¡Y sólo! A unos 40 kilómetros estaría el alma más cercana, y yo embarrancado. Casi todas las cosas estaban fuera para quitarle peso al coche y entre el viento y el agua las imaginaba en el centro del Chott. Yo estaba a 5 metros de la orilla y mis cosas las suponía a centenares de metros. Lo que más me preocupaba era que hubiese volado el gato inchable, ya que era mi mejor herramienta de desatasco. En esta dramática y dantesca noche espero ansioso el amanecer sin saber si el Chott acabaría de engullirme del todo con las aguas de la tormenta.


 
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