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El día comenzó temprano, antes de las 6am. Primero hacer café, siempre que vamos de camping llevamos la "greca" para hacer el café, para mi es mucho más sabroso hacerlo así. Hora de desayunar, desarmar la carpa, ordenar las cosas que llevamos en la camioneta y partir.
Hemos ido aprendiendo a llevar cosas de camping, además de la cocina y lámpara a gas, llevamos dos linternas, una cava de 58 litros, del tipo que el fabricante garantiza que el hielo dura en ellas hasta cinco días bajo el sol, una carpa para dos personas, dos catres, fundamentales a la hora de acampar, cuando tenía dieciocho no me importaba dormir sobre piedras, de hecho recuerdo haberlo hecho más de una vez, pero se duerme mucho mejor en estos catres, son livianos y cuando se doblan ocupan poco espacio. También llevamos varios tipos de herramientas, las más comunes, varias llaves, martillo, alicate, cables, cinta eléctrica, cinta "duct tape", además de varias correas y mangueras. Un sartén, platos de papel, cubiertos de camping (así se genera menos basura, los platos de papel se queman después de usarlos en la fogata). No me puedo olvidar de la carpa, las dos bolsas de dormir, cobijas, sillas plegables, bolsos con ropa, una pala pequeña, papel higiénico, varias latas de repelente anti-insectos, bolsas para llevar la basura, un contenedor lleno con 26 litros de agua, una buena cantidad de botellas de agua para beber y comida. En casi todo el oeste Americano la humedad en el ambiente es muy baja, por ello hay que mantenerse constantemente bebiendo agua cuando uno está haciendo actividades al aire libre, de lo contrario uno corre el riesgo de deshidratarse.
Comenzamos el camino alrededor de las 830am, a pocos metros del campamento había una cartelera del servicio de forestal que anuncia la entrada del camino, en ella hay información sobre las condiciones del mismo, así como una advertencia en letras grandes imposibles de pasar desapercibidas: "Ud. está entrando en el camino Dusy-Ershim, este camino no es recomendado para vehículos de doble tracción sin modificaciones. Recomendamos neumáticos de por lo menos 32 pulgadas de altura. El camino es muy difícil y sólo es recomendado para conductores experimentados en este tipo de terreno, avance a su propio riesgo. Le pedimos por favor no modificar el camino para hacerlo más fácil ya que su dificultad es su atracción".
En la cartelera había unas hojas impresas con información sobre los campamentos disponibles en el camino y sus distancias a partir de aquí.
Campamento Distancia Número de Horas Voayer Rock 5 Km 1/2 h Thompson Lake 17 Km. 6 h Summit Lake 22 Km. 7 h East Lake 27 Km. 10 h Ershim Lake 35 Km. 13 h Lakecamp Lake 42 km 16 h Kaiser Pass (final del camino) 48 km 2 a 3 días.
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A un costado e la cartelera, el primer obstáculo, una laja enorme de granito por donde hay que subir unos 200m , su cuesta es quizás más pronunciada que unos 40 grados de inclinación y, para rematar, su base está cuidada por rocas sueltas de todos los tamaños, las cuales tienen que ser vencidas antes de poder entrar sobre la laja. Lo llaman "Chicken Rock", tengo mis ideas de por que se llama así, en ingles la palabra "Chicken" o “pollo” es sinónimo de cobarde o “gallina”.
A pesar de su inminente dificultad, este obstáculo fue bastante fácil de vencer, quizás la práctica de paseos anteriores, mezclada con la capacidad que tiene la FZJ80 para subir sobre superficies como esta hicieron que aquello fuera bastante sencillo. Lo que me hizo desestimar de inmediato todas las advertencias que había escuchado... Que errado que estaba.
A una poca distancia de allí el primer percance, el FJ40 que iba adelante de todo el grupo se detuvo, Rob su conductor se bajó y abrió el capó. Nos acercamos y nos dijo que venia con problemas y que el motor sencillamente se había apagado. Después de verificar varias cosas y con ayuda de todos, determinamos que era la bomba de gasolina, había dejado de funcionar. Las perspectivas de continuar el camino eran malas, fue en este momento cuando Don dijo "¿Necesitas una bomba de gasolina?, Yo tengo una". Todo el incidente duró poco más de una hora y todos aplaudimos cuando escuchamos al legendario motor 2F rugir de nuevo.
Los próximos diez kilómetros estuvieron formados por obstáculo tras obstáculo, casi la totalidad del camino es a través de bosques con rocas en el suelo, de tal manera que si no estás pasando entre árboles, estás pasando entre árboles y rocas y por encima de ellas.. Hay que añadirle a esta mezcla las subidas y bajadas, con toda clase de escalones que hay que vencer para poder continuar.
De vez en cuando nos encontrábamos en espacios abiertos en valles de alta montaña, con riachuelos. Son sitos donde el hábitat es muy frágil. Hay letreros que piden a los conductores mantenerse siempre en el camino. Y en los lugares donde se forma barro en el camino, han colocado troncos, uno al lado del otro, como un puente, sólo que sobre el suelo, para evitar la erosión. Para aquellos que crean que andar sobre los troncos es sencillo, se equivocan, muchos de los troncos están sueltos y giran con las ruedas del vehículo, el bloqueador de diferenciales no ayuda tampoco, sólo con un poco de maña e impulso logramos vencer estos obstáculos.
Luego vino Thompson Hill, una colina como de 3 km antes de llegar al lago Thompson. Definitivamente la parte más complicada del camino. La colina está formada por rocas de granito de todos los tamaños imaginables, desde piedras que caben en una mano, hasta rocas más grandes que nuestros vehículos. El reto aquí es que el suelo esta formado de polvo y rocas. La tracción es mínima, la pendiente es pronunciada y siempre tienes más de una rueda sobre alguna roca o la raíz de un árbol.
Conducir sobre este tipo de terreno requiere que el conductor no sólo esté pendiente de dónde están sus cuatro ruedas - no siempre las 4 están sobre la misma roca, es más, es raro que sea así - sino que tiene que estar pendiente de cómo se presenta el camino delante del vehículo. A medida que éste avanza, se pierde de vista el suelo que está justo delante de uno y, a medida que avanza, y sobre todo si tiene que mover el volante para sortear rocas sobre las cuales no se puede trepar o árboles, la posición relativa entre las cuatro ruedas cambia, es decir que la superficie por donde pasaron las ruedas delanteras no es necesariamente la misma que pisarán las ruedas traseras.
En medio de aquel reto, escucho la voz de Andrew en la radio: "Mierda! Tengo problemas". El venía justo detrás de mi, volteo para ver qué está sucediendo y veo que hay humo saliendo por debajo del capó de su FJ40. Mis ruedas estaban subiendo una roca y necesitaba un par de segundos para nivelar la camioneta y poder salir de ella, para cuando lo logré, el capó del FJ40 estaba abierto y había por lo menos cuatro personas con extintores apuntando al motor. Así que en lugar de agarrar mi extintor, agarré mi cámara y tomé unas fotos.
La batería se había corrido de su sitio y el borne positivo había hecho contacto con una de las líneas de acero que van desde el compresor de aire ARB hasta el bloqueador de diferenciales delantero. Los daños aparentes no eran nada alentadores, todos los cables que salían del borne positivo estaban calcinados, las llamas habían derretido parte de una de las mangueras de combustible, así como el cable que va entre la bobina y el distribuidor. Para hacer las cosas peor, los cables del sistema de bloqueo de diferenciales estaban también quemados, incluyendo los que van a los solenoides. Nada bueno.
No quedaba otra opción sino tratar de reparar aquello. Salieron todo tipo de herramientas, mangueras de repuesto, cintas eléctricas y sobre todo mucho ingenio. Mientras ayudaba a Andrew a cubrir los cables que estaban expuestos, Don, el ingeniero mecánico, estaba sentado sobre una roca tratando de reparar el cable de la bobina. Media hora después teníamos el motor andando de nuevo, lo que no pudimos hacer funcionar fue el bloqueador delantero, su manguera tenía un hueco por donde perdía aire. Sin embargo el compresor, a pesar de tener todos los cables quemados, funcionaba bien.
Tardamos unas 4 horas en poder avanzar los 3 kilómetros de esta colina, cuando llegamos a la cima nos encontrábamos a la orilla del lago Thompson, ya eran casi las seis de la tarde. Hora de armar campamento y descansar. Esa noche cenaríamos con carne a la parrilla, chorizos, ensalada y vino.
Es impresionante el silencio del bosque de noche. Me desperté durante la noche y me quedé un rato escuchado, nada, absolutamente nada, sólo de vez en cuando se escuchaban las ráfagas de viento, claro está que todo esto cambiaría en cuanto me quedara dormido; mis ronquidos volverían a apoderarse de la quietud del lugar.
El sábado amaneció más lento, era nuestro segundo día en el Dusy Ershim. Preparamos un gran desayuno con huevos, tocino, lingüisa y hasta capuccinos gracias al batidor de leche eléctrico que conecto en la salida de 110V que tiene La Cabra. De nuevo, antes de las 9 a.m. la caravana de vehículos estaba en movimiento. El indicador del tanque de gasolina de La Cabra indicaba que quedaba menos de 1/3 de tanque.
Aunque más fácil que el final del día anterior, el camino seguía lleno de reto tras reto. Yo no me sentía bien, producto de la cantidad de vino que había tomado la noche anterior, más el súper desayuno, menos la poca cantidad de agua bebida. Me sentía verdaderamente mal, mareado como si estuviera en un barco y las condiciones del camino tampoco ayudaban. Pensé en darle el volante a Monica, pero eso sólo significaría estar igual de nauseabundo de copiloto y tan pendiente del camino como cuando estaba manejando. A eso de las 11:30 a.m. ya no podía más. Detuve el vehículo y Andrew me recomendó tomarme por lo menos dos litros de agua y dormir un rato. Mientras tanto, el resto del grupo tomaba un descanso y aprovechaba para almorzar.
Media hora duró mi sueño pero me desperté sintiéndome mucho mejor, las nauseas ya no estaban y podía conducir de nuevo. En una subida bastante empinada un par de rocas hacían el paso bastante apretado, las ruedas delanteras pasaron sin problemas, luego la camioneta se apoyó sobre los deslizadores y avanzó sobre las piedras hasta que fue el turno de las ruedas traseras, luego el turno de las traseras, para entonces había girado un poco hacia la izquierda para evitar un árbol, lo que hizo que la rueda izquierda no se montara sobre la roca, sino que la tocara con el borde del rin. De pronto escucho un ruido de aire saliendo a presión, mi primera idea es que se ha roto una de las líneas de aire del compresor, sin embargo el sistema esta funcionando bien, saco la cabeza por la ventana y noto que el ruido viene de la rueda izquierda trasera, todavía me quedan unos 50 metros de colina que subir. Acelero y subo lo más rápido que puedo.
Logré poner a la camioneta en una superficie lo suficientemente plana como para poder cambiar el neumático. La piedra había decapitado la válvula reguladora (gusanillo) de aire de la rueda. Todo el aire se había ido por allí. Mientras sacaba las herramientas, todo el grupo se había congregado en aquel lugar. Levantamos la camioneta con el gato y sacamos la rueda sin aire. El debate ahora era si reparábamos el neumático o colocábamos el repuesto. A mí, la idea de andar sin repuesto no me gustaba, el consenso fue de intentar por lo menos reparar aquello.
El muchacho que trabajaba en una tienda de neumáticos llevaba consigo válvulas de repuesto, colocamos la rueda bajo el parachoques delantero del FJ40 de Don, apoyamos el HiLift Jack, o gato, sobre la goma lo más cercano a la válvula rota posible, luego intentamos levantar el vehículo a partir de ese punto, mientras el gato subía, la goma se separaba del rin. El muchacho de la tienda de neumáticos pidió agua con jabón ya que es lo que usan para separar estas dos superficies. No teníamos jabón a la mano, pero sí teníamos un cooler con cerveza. No hizo falta más que un chorrito de Budwiser, la goma estaba separada del rin.
En cuestión de segundos la nueva válvula estaba en su lugar. Don lleva un compresor de aire para inflar neumáticos en el compartimiento del motor de su FJ40. En 20 segundos mi neumático llevaba las 17 libras de presión que tenían los demás neumáticos. Estábamos listos para continuar.
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Dos horas después, otro paso ajustado entre rocas y árboles. Avanzando a centímetros por hora, pasan las ruedas delanteras sin problemas y de nuevo tengo que girar a la izquierda, esta vez no enganché el neumático sino el buche lateral izquierdo que está sobre el guardafangos. La pieza de fibra de vidrio crujió con el peso de la camioneta, no había alternativa, del otro lado no había espacio para maniobrar. Logré pasar, pero al bajarme de la camioneta comprobé mis miedos, el buche estaba roto y me quedaba menos de 1/4 de tanque de gasolina.
No había avanzado 200 metros cuando al bajar de un escalón pronunciado, la camioneta se inclinó un tanto hacia la izquierda al caer, una piedra golpeó en la parte del buche que está en la puerta, rompiendo el buche y hundiendo el metal de la carrocería. Primera vez desde que tengo la camioneta que hacía daño a la carrocería.
Comenzó a llover, después de tantas amenazas, tantos truenos y nubes negras, la madre naturaleza dejó caer agua sobre nosotros. Por un lado estábamos preocupados por lo resbalosas que serían las piedras mojadas y por el otro felices de que refrescara el ambiente un poco. Aparte, nos entusiasmaba la idea de que la lluvia aplacara un poco el polvo del camino.
Ya casi al final del día me encuentro con otro obstáculo apretado, dos grandes árboles uno de cada lado del camino, justo después otros dos más pero un poco más a la izquierda. Las ruedas delanteras pasan los dos primeros sin problemas, giro para pasar los dos segundos, saco la cabeza por la ventana para ver como estoy de espacio con las ruedas traseras, mientras Monica me indica como estamos del lado derecho. Todo bien, hasta que tengo que subirme a la raíz del árbol derecho delantero, La Cabra se inclina a la izquierda y touché, otro toque a la carrocería, hubiese sido peor si el parachoques trasero no fuera lo fuerte que es.
Un rato después encontramos al FJ40 con una roca redonda trabada entre el diferencial trasero y la cola de vehículo, aparentemente trató de subirla y al resbalar quedó atrapada. No había movimiento para ninguna parte. Winche al rescate, amarramos el winche a uno de los árboles, es practica común no enganchar directamente el cable del winche a los árboles; se coloca un cincho de nylon alrededor del árbol y se engancha el cable del winche a él. Después de unos minutos estaba libre y todos los presentes habíamos hecho una donación de sangre no voluntaria a la población local de mosquitos.
Más adelante me encuentro con una colina con una gran roca del lado izquierdo y un enorme árbol del lado derecho. Intento pasar, pero Monica y yo coincidimos que a todas luces va a haber otro desastre, así que retrocedo y analizamos nuestras opciones. Justo antes de la piedra hay un espacio por donde podría subir La Cabra para evitar este paso ajustado. Apunto las ruedas delanteras e intento subir, el piso esta mojado y las ruedas comienzan a patinar, activo el bloqueador de diferenciales trasero y en lugar de subir me deslizo hacia la izquierda, chocando contra el árbol. Mierda, otro golpe a la carrocería.
A las 7pm, con la luz de reserva del tanque gasolina encendida y con 18 Km. restantes hasta terminar el camino, estábamos frente a un lugar plano y con espacio para todos los vehículos Fin del día, era hora de acampar, todos estábamos bastante cansados. Este camino esta hecho entre dos áreas de protección ambiental federal. En 1984 cuando estas áreas fueron creadas, los grupos locales de 4x4 batallaron con el gobierno para mantener el camino abierto, luego de muchas discusiones llegaron a un acuerdo. Esta completamente prohibido manejar más allá de 100 mts. del borde del camino, es más, es un delito con fuertes multas. A la hora de conseguir áreas para acampar hay que tener esto en cuenta.
Para este momento Monica y yo tenemos más experiencia armando campamento. Armamos la carpa en cuestión de minutos y estamos listos para cenar. Jeff, el hijo de Andrew estaba sin hacer nada, su padre le pidió que recogiera leña y que preparara un circulo de piedras para una fogata, sin embargo el adolescente estaba renuente a hacerlo. Monica, con su psicología juvenil, le ofreció $3 al chico, poco tiempo después las llamas danzaban sobre un hermoso circulo de piedras, con suficiente leña al costado para durar toda la noche.
Esta noche le toca a Andrew cocinar, hizo unas deliciosas pechugas de pollo en salsa BBQ a la parilla, las cuales acompañamos con una ensalada Cesar y frijoles negros. Todo muy rico. Terminamos de cenar y cerramos el circulo alrededor del fuego, la temperatura comienza a bajar rápidamente luego de la caída del sol. Una vez oscuro y cuando la conversación se ponía buena, comenzó a llover de nuevo. Rápidamente recogimos todo lo que estaba propenso a dañarse con el agua y nos retiramos a nuestras respectivas carpas.
Ultimo día. Me preocupaba quedarme sin gasolina, los FJ40 habían consumido casi todo lo que llevaban. Sabíamos que iba a ser un día largo, no solo teníamos que salir del camino, sino había que llegar a casa. 18 Km. nos separaban del asfalto y otros 50 del primer pueblo donde poder poner gasolina. Levantamos campamento a las 7:30 a.m. y comenzamos a rodar.
El camino va en constante subida, es quizás la parte más hermosa. Las montañas más altas están más cerca, se pueden ver picos aún con nieve en esta época del año, sin embargo los retos al volante continúan, pero hay un cambio en todo el grupo, nuestras habilidades han mejorado considerablemente desde el primer día, los obstáculos que parecían invencibles el viernes, hoy son sólo un reto mas. Puedo ver dónde tiene que ir cada rueda; es como si La Cabra fuese una extensión de mi cuerpo.
Nos detuvimos en una pradera de alta montaña, de un lado un precipicio y más allá las imponentes montañas, del otro lado y a la distancia se puede ver el lago Shaver, donde parece haber una regata de veleros. Aprovechamos el momento para alinear nuestros vehículos y tomar la tradicional foto en grupo. En este momento, ya casi no tengo gasolina, según mis cálculos debo tener si acaso unos 10 litros en el tanque. Don se acerca a mi con un contenedor de 15 litros y me dice que son míos. Le digo que es demasiado, pero insiste, todo o nada. Con el combustible adicional, la luz de reserva se apaga, pero la aguja indicadora queda justo sobre el borde de vacío.
El camino finalmente comienza a aflojar su mano dura, pero no cantemos victoria aún, justo cuando nos estamos acostumbrando a bellos paisajes y una ruta suave, regresan las piedras y con saña. Los próximos obstáculos a vencer me dejarán en varias oportunidades con 2 ruedas en el aire y dos en el suelo, sensación poco agradable. Menos mal que esto no duró por mucho tiempo, cuando pensábamos que nos quedaba un rato aún por luchar, nos topamos con un letrero anunciando el fin del camino. Habíamos sobrevivido el Dusy Ershim.
El Dusy Ershim es una lección de humildad. Cada vez que me felicitaba por haber vencido un obstáculo, o haber hecho algo bien, el camino me arrancaba esa sensación y me presentaba otro obstáculo. Homero nos enseña en La Odisea que la humildad es fundamental para enfrentar los problemas que se le van presentando a Ulises en su camino a casa. Tres mil años después y muy lejos de Grecia el principio sigue siendo el mismo.
Muchas gracias por haberme acompañado a través de mi relato,
Alvaro
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